Festival de Cine de San Sebastián 2009
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Flor del desierto, que se estrena hoy viernes en nuestro país, es la adaptación del best seller homónimo escrito en 1997 por la modelo y activista somalí Waris Dirie que ha vendido 11 millones de ejemplares en todo el mundo y que narra su asombrosa vida desde los desiertos del noreste de África hasta las pasarelas y revistas más prestigiosas del planeta a finales de los años 80.
Dirie nació en Somalia entre pastores nómadas. A los 13 años huyó de una boda de conveniencia con un hombre mucho mayor y cruzó el desierto sola para llegar a la capital, Mogadiscio. Allí, sus parientes le mandaron a trabajar como criada a la embajada de su país en Londres, donde pasó la adolescencia sin saber leer ni escribir. Antes de volver a un país destrozado por la guerra, prefirió permanecer ilegalmente en Londres. Mientras trabajaba en un restaurante de comida rápida, fue descubierta por un famoso fotógrafo que le abrió las puertas al mundo de la moda, gracias a la cual llegó a convertirse en la primera mujer negra en aparecer en la portada de Vogue en Europa. En la cumbre de su carrera tuvo el valor de revelar públicamente que había sido víctima de la mutilación genital femenina, cuando éste aun era un tema bastante desconocido del que apenas existían noticias.
Con semejante material, la directora alemana Sherry Horman elabora una película correcta y bienintencionada pero narrada de manera demasiado previsible y convencional. La etiqueta que arrastra de “basada en hechos reales” termina pesando demasiado para una película que narra acontecimientos reales pero cuya plasmación en la pantalla no siempre resulta verosímil. Tampoco ayuda demasiado la confusa mezcla de géneros, a medio camino entre la comedia y el cine de denuncia sin terminar de decidirse por ninguna en concreto y que acaba desconcertando al espectador. Una clara muestra de ello es, por ejemplo, la subtrama amorosa de la protagonista, que apenas aporta nada y tan sólo consigue restarle credibilidad a la historia, convirtiéndola por momentos en un cuento de hadas demasiado blando para la dureza del tema tratado.
La película contiene también elementos que justifican su visionado, especialmente aquellos en los que la ablación se hace presente. Más que por sus méritos cinematográficos, Flor del desierto funciona como película divulgadora que da a conocer una práctica terrible e inhumana que se realiza en países tanto musulmanes como cristianos y que afecta, según estimaciones de la ONU, a alrededor de unas 6.000 niñas al día y que pone de manifiesto que la ablación femenina no es un problema exclusivo de África.
Filmada en Yibuti, Londres y Nueva York y protagonizado por la bellísima top model y actriz Liya Kebede, Flor del desierto es, a pesar de sus defectos, una película cuyo mensaje merece difusión, una defensa de la libertad y la dignidad humana, que ensalza el valor y coraje de una mujer que supo sobreponerse a todas las dificultades que se encontró en su camino y que consiguió hacer de su lucha una lucha mundial, una película que se ve con mucha facilidad, con momentos realmente entretenidos a pesar del tema tratado y que no obstante ganó el Premio del Público en el pasado Festival de San Sebastián.
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